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Colitis Ulcerosa

Colitis Ulcerosa

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria del colon (el intestino grueso) y del recto. Está caracterizada por la inflamación y ulceración de la pared interior del colon. Los síntomas típicos incluyen diarrea, casi siempre acompañado de sangre y con frecuencia dolor abdominal.

El diagnóstico definitivo lo establece la endoscopia digestiva baja con toma de biopsias. Los gastroenterólogos son los especialistas que suelen diagnosticar y tratar esta enfermedad.

Definición

Es una enfermedad crónica, sin embargo se puede mantener en remisión por largos períodos. Esto quiere decir que la enfermedad puede cursar con períodos de actividad e inactividad. Los períodos de actividad se conocen como brotes.

Esta enfermedad pertenece a las Enfermedades Inflamatorias Intestinales que incluye también a la Enfermedad de Crohn y a la Colitis indeterminada o no clasificada.

Algunas fuentes la citan como una enfermedad autoinmune, esto quiere decir que está originada por anticuerpos producidos por nuestro propio organismo, que reaccionan en su contra dañándolo. Su causa específica no está bien descrita, puede ser desencadenada por factores ambientales como algunos casos que se desarrollan posterior a una infección intestinal.

La inflamación normalmente comienza en el recto y en la porción inferior del intestino (sigmoide) y se propaga hacia arriba por todo el colon.

Causas

Existen diversas teorías sobre las causas de la colitis ulcerosa, ninguna de ellas comprobada. No se conoce la causa de la colitis ulcerosa, y actualmente no hay cura, excepto a través de la extirpación quirúrgica del colon. Una teoría sugiere que algún agente, que puede ser un virus o una bacteria atípica, interactúa con el sistema inmune del cuerpo y desencadena una reacción inflamatoria en la pared intestinal.

Aunque existe evidencia científica que demuestra que las personas que tienen colitis ulcerosa padecen anomalías del sistema inmune, se desconoce si estas anomalías son una causa o un efecto de la enfermedad.

Diagnóstico y evaluación

La Colitis Ulcerosa puede afectar a pacientes de cualquier edad, pero la curva de edades de inicio muestra una distribución bimodal con un máximo principal a los 15-30 años y un segundo máximo menor a los 50-70 años.

La manifestación más típica es la presencia de diarrea con salida de abundante mucosidad y con sangre en las heces. El color de la sangre es determinante, cuanto más oscura, más alejada del recto será el tramo afectado. Además suele manifestar en el paciente dolor abdominal cólico, generalmente en hipogastrio y flancos.

La historia clínica y el examen de las heces permiten llegar al diagnóstico de presunción de Colitis Ulcerosa, que casi siempre debe confirmarse realizando una endoscopia digestiva baja (rectoscopia o colonoscopia). Durante este examen se puede examinar por medio de una cámara la mucosa del colon. En el caso de la Colitis Ulcerosa la mucosa se observa con evidentes signos inflamatorios como enrojecimiento mucoso, ulceraciones, presencia de moco y material fibrinoide y los llamados pseudopólipos. Para su confirmación definitiva se deben de tomar biopsias, la presencia de abscesos crípticos es un buen indicio de esta enfermedad. La colonoscopia con biopsia es imprescindible también para valorar la naturaleza de una estenosis. El aspecto endoscópico puede ayudar también a diferenciar la colitis ulcerosa de la enfermedad de Crohn, pero las biopsias rara vez son útiles para este fin, excepto que se observe un granuloma.
La afección inicia siempre en el recto y se extiende desde ese punto a los demás segmentos del colon. En raras ocasiones compromete también el íleon terminal que es el fragmento final del intestino delgado. La inflamación suele ser continua sin respetar segmentos, aunque con el tratamiento adecuado los síntomas remiten, esta enfermedad no tiene cura de momento.

Tras 8 años padeciendo la enfermedad, se aumenta el riesgo de sufrir una malignidad colónica, por este motivo el paciente debe seguir un control exhaustivo con seguimiento endoscópico.

Se puede asociar a otras enfermedades autoinmunes como la colangitis esclerosante primaria, que afecta el hígado y sus vías biliares y otras manifestaciones extraintestinales como artralgias, artritis y uveitis.

Cirugía

El tratamiento con medicamentos es efectivo en alrededor del 70-80% de los pacientes, en el 20-30% restante la cirugía resulta necesaria.

La opción quirúrgica de elección actual se realiza en dos pasos:

  • Colectomía subtotal. La cirugía más común es la proctocolectomía (extirpación completa del colon y del recto) con ileostomía (creación de un orificio pequeña en la pared abdominal donde la punta inferior del intestino delgado, el íleon, se lleva hasta la superficie de la piel para drenar los desechos).
  • Anastomosis ileoanal y extirpación del recto: Con un periodo de tiempo prudencial (alrededor de 6 meses) , y siempre tras comprobar la curación de la enfermedad, se puede valorar la reconstrucción del tránsito intestinal para poder evitar tener una ileostomía o “bolsita” en el abdomen. Esto se denomina anastomosis ileoanal. Se extirpa la porción enferma del recto y se une el íleon con el ano, formando una bolsa o depósito que contiene las heces. Esto le permite al paciente defecar a través del ano en una forma normal, aunque las defecaciones pueden ser más frecuentes y acuosas de lo normal.

 

Texto revisado por la Dra. María José García García, médico de la Consulta Monográfica de Enfermedad Inflamatoria Intestinal, del Servicio de Aparato Digestivo, del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Santander.

 

Última actualización 26/01/2018

 

 

 

 

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